No explique su trabajo, hágalo.

A veces olvidamos que el confinamiento es contra el virus, no contra la inteligencia… No creo que éste sea el mejor momento político ni social, para contabilizar muertos o fallecidos con criterios de calidad epidemiológica científica: “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Las víctimas de la pandemia perdidas en el limbo de un macabro cajón de sastre, esperando el frío escrutinio final de “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Me congela el corazón!

El insoportable espectáculo diario de baile de cifras resulta perverso, para una sociedad angustiada por la tragedia de la pandemia viral, o por cualquier otro desastre de origen natural, que difícilmente la cordura, la razón ni el miedo pueden mitigar, cuando no hay certeza de nada. El “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Puede tener todo el rigor científico, pero no deja de ser percibido como ruleta de la suerte.

Los filtros y las cribas son brutales e inhumanas, cuando el rigor estadístico supera la ética política y a la persona por el número. En medio de la zona cero no se puede dar tal espectáculo científico y verborreico, propio de aprendices de humanos. Una sociedad sobreimpresionada y en shock, lo menos que le puede interesar es la minuta científica, y el desorden que manifiestan inseguridad agudizando el dolor.

Una cosa es, mi querido Don Simón, es la gimnasia y otra la magnesia. “Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa dice el sentido común”. Confundir trasparencia con rigor científico es de imbéciles. Habrá tiempo para el rigor estadístico científico y epidemiológico académico, una vez terminada la pandemia. Pero por favor, los espectáculos públicos de malabares circenses, los mínimos.

No es ético, ni jamás lo será, la sobreexposición de los ciudadanos a un diálogo saturado de tecnicismos estadísticos, ni al pasteleo incesante del número por el número, como sinónimo de transparencia. Relativizar la tragedia humana con tecnicismos y eufemismos con “porcentajes del porcentaje de los porcentajes” o el angustiante “tú sí, tú no, y tú tal vez”.

A veces el cálculo y cómputo estadístico se deshumanizan en el análisis técnico, tienen un valor y un relato sólo para mentes entrenadas. Resultan ser un ejercicio confuso e infame. En plena pandemia no se pueden retener a miles de fallecidos en una suerte de cuarentena o cajón de sastre. El tratamiento de las personas como si fueran números resultantes del problema matemático de Collatz, uno de los más fáciles de enunciar y difíciles de resolver. No es aceptable como modelo de comunicación. ¡No nos explique su trabajo, hágalo!

Considero fuera de lo ético humano, el cálculo político cortoplacista en medio de una pandemia para sacar ventaja electoral e incluso penal. Anestesiar a los ciudadanos con nomenclatura técnica para amortiguar la indigerible tasa de fallecidos, hasta ralentizarla e incluso disminuirla, es lo mismo que desnaturalizar el costo en vidas.   Es cierta la metáfora de Einstein: “Dios no juega a los dados”, los políticos sí, pero con dados cargados.

Los aducidos por el cientifismo estereotipado del cine, no siempre se adaptan a la realidad, son individuos desarbolados de sentimientos y empatía social. El cliché impera antes que el sentido común. No todos pueden asemejarse al físico británico Stephen Hawking y sus estridencias, ni al humor de Einstein, ni al profesor Protón, de the Big Bang Theory, tampoco al profesor Hubert Farnsworth de Futurama, y no me olvido del genial profesor Poindexter, del Gato Felix. El problema aquí no es la exageración, sino el quedarnos cortos en el análisis.

No todos los científicos son actos para comunicar conocimientos, y menos explicarlos, por mucha que sea la apariencia de científico loco desaliñado o de detective Colombo. La inteligencia emocional es algo que se tiene o se entrena. El fracaso comunicacional de Don Simón en medio de la tragedia ha sido un duro varapalo para la confianza, la credibilidad y la paciencia, sólo superada por el dolor de las víctimas. Poner a miles de fallecidos en cuarentena, esperando las notas del examen de selectividad. “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Solo puede tener una finalidad política amoral, como el rédito electoral, y el manual de resistencia.

La Censura en YouTube, sin objetores de conciencia

“Amigos, he encogido al país”

Cuando decimos que algo no se debe hacer, no significa que no se pueda hacer: como parchear la censura a base de eufemismos oficialistas convincentes. Pero la realidad nos dice, que sí, que sí se puede, siempre se puede en nombre del bien común y el interés general. Incluso se puede esconder un cadáver en el sótano o la buhardilla, y que huela a Chanel n.º 5… ¡Siempre se puede!.

En realidad, la censura se percibe en la sociedad como fenómeno sobrenatural, solo visible para quienes la sufren. He ahí su poder intimidatorio y su éxito en la historia, su invisibilidad. La censura es lo más parecido al Área 51 norteamericano, el misterioso lugar qué algunos creen que alberga extraterrestres. Todos hablan de él, pero nadie lo ha visto. La censura opera en el mimo nivel del conocimiento persuasivo que aparece en los evangelios: “ver para creer”…

El ejercicio de la censura ha cambiado, evolucionado por formas más expeditivas y selectivas de persuasión y control social, y todo ello en tiempo real. Incluso la censura es aceptada como el “gendarme necesario” el corral invisible de la cohesión social en torno a un modelo de pensamiento hegemónico único, especie de algoritmo vigilante, donde no se permite la disidencia. La sociedad líquida de hoy es una recreación del absolutismo político de Thomas Hobbes, toda vale para mantener el orden del mejor de los mundos posibles.

El problema de fondo de la censura es la concepción del hombre y la sociedad como propiedad del Estado bajo un signo político y color, “legitimidad funcional” cuya legalidad emana del poder. Hoy en día la sociedad es percibida como código fuente abierto, donde poder sobre escribir las veces que sea necesario por el omnisciente Estado administrador del código fuente.  El famoso y temible 404 Not Found, también existente en los avatares digitales.

La censura nos retrotrae a la literatura y la historia y sus registros inverosímiles para las nuevas generaciones bautizadas en sendas pilas o palanganas de lejía (poncheras sacramentales). Las visitas oficialistas con nocturnidad de los señores de negro, derribando puertas, y quemando libros, cartas y manuscritos, y detenciones arbitrarias y brutales, solo quedan para las películas de trasnocho en cines de barrio y cintas de VHS, y las novelas negras de bolsillo, basadas en el miedo, la violencia, la injusticia, la inseguridad y corrupción del poder político.

La censura según la RAE: ​En un sentido amplio, “se considera como supresión de material de comunicación que puede ser considerado ofensivo, dañino, inconveniente o innecesario para el gobierno o los medios de comunicación, según lo determinado por un censor”. A todo sistema represivo, le acompaña un relato ingenuo, “la injusticia no es injusticia si se hace por un bien superior”. O este otro: El sistema más justo de control y censura política, es el que emana de un algoritmo inteligente no humano, donde no media la personalidad del censor, es decir, es newtral.

Los medios digitales que operan en España, YouTube, Facebook, Twitter, y Whatsaap, están administrados por una generación de jóvenes adánicos y progresistas rabiosamente empoderados de complejos de clase social, hijos de la ponchera bautismal de lejía, el hipoclorito de sodio, que todo lo blanquea incluido el pensamiento político y la historia.

No esperemos de esta nueva generación empoderada de progresismo populista, a ningún objetor de conciencia, que se niegue al vil y despreciable oficio de censor, o a ser el brazo ejecutor contra la libertad. Hay una película que lleva un titulo muy sugestivo: “Cariño, he encogido a los niños”. También vale para la reflexión de un censor en YouTube: “Amigos, he encogido al país”. Cada acto de censura es encoger un poco más, y más el país. La censura es recortar libertades.

Quienes hayan leído historia de las ideas políticas, se habrán dado cuenta, en términos de conciencia, que el ejercicio liberticida de la censura no existe la izquierda y derecha, tampoco en el Cosmos, solo existe la simetrías, algo así como los espejos. Toda realidad es una denuncia en sí misma de la historia frente al espejo. Quienes no conocen el costo humano de la libertad, están dispuesto a repetir la historia sin verse inmerso en la huella del espejo. Al parecer, y para mucho administradores de las redes sociales, las acusaciones de censores podemitas, son el equivalente a los berridos de la ovejas trasquiladas, que no entienden que es por su bien, y el interés general de la sociedad.

Manuel Eduardo Ponte Ferreiro.

La paradoja de la escalera de Penrose en las ideologías

El “modelo” de escalera imposible de Penrose, pienso que puede ser extrapolable a la política como espacio especulativo y supradimensional. La escalera así planteada o concebida como diseño de lo imposible nos ayuda a explicar las posiciones ideológicas y antagónicas en medios politizados, dónde nada es lo que aparenta ser, y su deriva hacia el infinito. Es decir, no se agotan en sí mismas, sino que representa el movimiento de las ideas. El problema del observador omnisciente fuera de la escalera, tiene un origen epistemológico de método clásico, pero también aporta una ventaja óptica sobre la totalidad del conjunto de movimientos, una autentica orgía para la imaginación especulativa y racional científica.  No sabemos sí las posiciones ascendentes son positivas, o si las descendentes representa lo contrario. Ninguna posición ideológica permanece fija en el tiempo sin avanzar hacia el infinito. Otra cosa muy distinta es la efimeridad transitoria de las ideas en tiempos de globalización, o de la efimeridad de los 280 caracteres de twitter, que también presentan arquitectura óptica virtual.

La noción de escalera en los humanos, es parte de un registro protocultural común a todas las civilizaciones, incluido el reino animal. La noción o concepción primaria de escalera se remonta al año 30.000 a.c. En algunas culturas más avanzadas, los escalones son representados por rampas, y estas llevadas a complejas plataformas helicoidales «zigurat» el más conocido fue el dedicado a Marduk, la Torre de Babel mencionada por la Biblia hebrea, en el Génesis. También las pirámides escalonadas, en Egipto, américa, Irak, Java y la India

No olvidemos a uno de los grandes hitos de la literatura universal, como el poema epopéyico de la Baja Edad Media: La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Donde vemos expresada la ideología de una Era en forma de escalera descendente hasta el inframundo, como la ilusión óptica de Penrose. La visión político cosmológica de la historia a veces, expresada como escalera descendente, o espiral, con rampas o niveles con diferentes grados de moralidad, sobre el bien y el mal.

La mayoría de las veces, y sólo a veces, los valores políticos contrapuestos y antitéticos, incluida su síntesis histórica son escalables y pueden ser representados a manera de una escalera imposible de Penrose, donde el escalón más bajo es el más alto. En toda ideología el ideal supremo o fin último suele ser, con precisión matemática el escalón más alto. De ahí que nadie haya alcanzado a día de hoy ese escalón o fin último de la supremacía ideológica, o peldaño de Dios, y siga la humanidad intentándolo en bucle, debido a la naturaleza animal del “homo Paradisiacus”.

«La Escalera de Penrose, es una ilusión óptica descrita y representada por el matemático inglés Lionel Penrose». El pensamiento sociológico, que he practicado desde siempre, se basa en esta definición óptica del mundo de las apariencias, es el denominado pensamiento lateral o enfoque creativo (Edward de Bono, The use of lateral thinking). También lo denomino, sociología aditiva” por parecerse al sistema o modelo que permite la obtención de un tercer color a partir de la mezcla visual de dos colores en movimiento. Lo aprendí observando las obras de arte cinético de Carlos Cruz-Diez. Siempre me he preguntado si ocurre lo mismo con las ideas en movimiento, y los sistemas de creencias, valores y representaciones sociales.

Existe en todo ADN social una parte de animal inacabado de «Theodore Roszak» común a todas las sociedades de la imposibilidad de la observación óptica selectiva de un sistema, cundo tú eres el sistema, y no necesariamente se pertenece a él. La lógica del conocimiento científico nunca ha dado cuenta de ello. Ni David Hume, Kant, Hegel, tampoco Bachelard, ni el padre de la revolución científica Descartes, han concebido al individuo como suprasistema. Durante mucho tiempo de lecturas y observación me he dado cuenta de ello. Y me lo he estado recriminado durante bastante tiempo. La configuración de un sociólogo te dice que el objeto de estudio de la sociedad es su conjunto, y no el individuo, objeto de la psicología social y sobre todo la antropología y la etología comparativa. Toda ideología tiende a configurar y reconfigurar el éxito de una representación, hasta su perfección optimo, otra cosa es que lo consigan.   

La polis fue el marco esencial donde se desarrolló y expandió la civilización hasta día de hoy, y eso es una obviedad objetiva, pero también estamos obligados, concernidos, como científicos sociales a desandar ese camino. A menos que descendamos o hacendamos por la escalera de Penrose, o desescalemos infinitamente por ella, en la búsqueda de las huellas de nuestra protohumanidad. Y créanme, no estoy hablando del registro arqueológico polvoriento, ni del radiocarbono, carbono-14. No hablo de cosas que estén en nuestro haber, sino en nuestra realidad, o tangibilidad ideológica, es decir: “nada que desenterrar, sino ver”. Sí el mundo como registro es todo aquellos que vemos, entonces: “Houston, tenemos un problema”.

Quizás lo más lejos sea lo más cerca, ello depende de las paradojas visuales al conocimiento. Y el racionalismo crítico popperiano, está más cerca de las especulaciones de la caja opaca de la paradoja de Schrödinger, que de la filosofía metafísica. Sí las cosas no tienen fondo, están abiertas a la imaginación del racionalismo critico. No es el camino de la “Teodicea de Leibniz, por demostrar lo indemostrable, para su época. “No hay forma de ver el mundo que pueda ser considerada definitivamente “verdadera”. Ello se debe a que el ser humano, como decía antes: el hombre es si mismo es un suprasistema, también reconocido por Aristóteles, como animal político. Pero no se puede ser un animal político sin ser en si mismo un suprasistema de muchas otras cosas.

Quien ha utilizado en el arte el pensamiento lateral fue el neerlandés, M. C. Escher, con sus figuras imposibles, auténticas paradojas visuales. Hablar en sociología de lo invisible al intelecto, es un poco, utilizar la sociología imposible. Kant, Hegel, Ludwig Feuerbach, y Karl Mannheim, Darwin, Sigmund Freud, incluidos Goethe, Buda y  Stephen Hawking… Produjeron más conocimiento lateral de lo invisible al intelecto proactivo, que con la lógica formal al uso. Lo que quiero decir, es que no hay nada descabellado para el pensamiento lateral.

El perspectivismo es una doctrina filosófica que sostiene que toda percepción e ideación tiene lugar desde una perspectiva particular. Yo lo llamaría las paradojas ópticas de la escalera de Penrose.

¿Virus vs. Democracias occidentales?

Los sacrificios colectivos producto de la conciencia ciudadana, sobre todo en las democracias occidentales, hace tiempo que dejaron de funcionar en el formato conocido por algunos de nosotros, solo tienen apariencia de poder real, pero no es así. Tienen existencia propia aparente como el arte y la estética, pero no real, y solo en los libros que nadie lee, o en el “The History Channel”, canal de historia. La apariencia de normalidad la cumplen las instituciones en sus viejas carcasas monumentales tipo catedral. Edificios vacíos de contenido útil.  Siguen estando ahí, eso sí, pero como simple atrezo y/o utilería de teatro o inmuebles patrimoniales de la cultura y la memoria efímera.

De ahí que las dictaduras sean las únicas capacitadas y reforzadas para enfrentarse a los nuevas amenazas inéditas y desafíos globales del siglo XXI, contra la civilización occidental y la humanidad de carne y hueso: Crisis energética, Terrorismo global, Guerras informáticas, Cambio climático y Pandemias virales de nueva generación. En estas últimas décadas entre siglos, hemos asumido la convivencia con la amenaza perpetua a la extinción de la humanidad. Primero fue la Primavera Silenciosa de Rachel Carson, seguida por la espada de Damocles a la III guerra mundial del holocausto nuclear y el exterminio final de la vida, incluidas la invasión extraterrestre y el Deep Impact de un cometa.  Las pandemias “inteligentes” y globales, no reconoce entre clases sociales, entre pobres y ricos, entre estados desarrollados o del tercer mundo, además de haber modificado su comportamiento letal… Nadie predijo en términos de probabilidad un desastre a lo Chernóbil, en un laboratorio “secreto” de microbiología militar de china.

Con el escalamiento al poder político, en esta década del progresismo de nuevo talante y marketing mediático, PODEMOS – PSOE y NACIONALISTA. Hemos visto la metamorfosis del totalitarismo eclosionar sin complejos. El hemiciclo parlamentario se ha convertido, hace tiempo, en un anfiteatro de variedades, un teatro de las apariencias y las sombras chinescas; nadie es quién es, especie de teatro del absurdo de Samuel Beckett. Las interpelaciones se han evangelizado (podemizado) en una suerte de ejercicios inocuos, con balas de fogueo. Guardar las apariencias de una democracia suicida, Kamikaze, por carecer de mecanismos democráticos de contrapeso (reales) equilibrio parlamentario. Sí la regla del 51% es el poder catastral del voto, estamos bien jodidos. Sobre todo, cuando el 51% está compuesto por un mix heterogéneo o mezcla caustica totalitaria, para las democracias abiertas y economías liberales.

Sí algo se ha cargado el coronavirus en su orgía de muerte, es a las democracias parlamentarias occidentales, tal cual las hemos conocido y vivido a día de hoy, y representado como modelo de libertad, desarrollo humano y riqueza. La debilidad en Física es carencia de fortaleza, y en teoría política es modernidad líquida. Quienes estén familiarizados con el concepto me entenderán mejor, sobre todo sí han leído las tesis del sociólogo Polaco Zygmunt Bauman. La pregunta de “Los tres centavos” para teatralizar el paradigma de Bauman, es referida al cómo hemos llegado hasta estos niveles de incompetencia en las instituciones democráticas abiertas. ¿Cómo un virus, un agente infeccioso microscópico acelular, puede anular a las democracias occidentales? Es una pregunta retórica, que a su vez denota una respuesta metodológica implícita y compleja. No quiero ser ambiguo con este razonamiento, tampoco entablar la teatralidad critica del modelo capitalista al estilo Bertolt Brecht.

Las democracias se han debilitado paulatinamente con la misma exactitud milimétrica del péndulo de Foucault. Sí existe una fuerza gravitacional en la política en tiempos de Google, son la sociedad de masas hiperconectada. El virus no se cargó a las democracias occidentales, éstas ya estaban muertas o debilitadas, venían así de serie. La dependencia del conocimiento horizontal, global y empoderado, las había matado. Los estados modernos ya no logran retener concentrar y centralizar los valores de igualdad, legalidad, identidad, nacionalidad y sacrificio. “Este proceso estuvo respaldado por la burguesía, clase social que se fue fortaleciendo con este tipo de Estado” El conocimiento era selectivo (las elites del poder) eran los custodios del conocimiento útil.

Hace tiempo que los parlamentos se han convertido en grandes y anacrónicos jarrones chinos, son parte de la vieja estructura visible del poder del Estado constitucional en decadencia líquida. La clase política actual ha perdido la sutileza del escalpelo o bisturí quirúrgico, para enfrentarse a una amenaza biológica. Prefieren el hacha y el machete, para la defensa, no requieren de entrenamiento previo, ni de permiso. Las dictaduras no necesitan de la sutileza del escalpelo, sino el rigor de la fuerza y respondiendo solo ante si mismos. El gobierno español en manos de titiriteros y vendedores ambulantes de peines con caspa, no quieren ser interpelados por la oposición en el parlamento. Y de ser así, no le tienen miedo a la piel de dos leones muertos con las bolas en las patas. Auténticos íconos de las puertas del parlamento.

Fahrenheit 347°

Las palomitas de maíz (cotufas) en sus pautas físico químicas, pueden ser equiparadas con las personas y pueblos sometidos por el totalitarismo. Si los depauperados por el comunismo populista en estado de semiesclavitud no reciben su caja de lentejas CLAP, como en Cuba y Venezuela, el maíz social empieza a calentarse aproximadamente a 347 grados Fahrenheit. La presión dentro del grano (pueblos e individuos) puede llegar hasta 9 kilogramos por centímetro cuadrado antes de que finalmente estalle la cáscara. Los regímenes totalitarios científicos, han aprendido la lección físico-química del estallido social por la acción térmica. Sobre todo, los cubanos que han controlado la temperatura del maíz a su perfección durante 60 años.  En la novela de Ray Bradbury «Fahrenheit 451°: Era la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde».

En Venezuela, en apariencia, no hay una guerra convencional, pero las bajas humanas y el número de represados es el mismo y el grado de destrucción también. Pero tampoco hay paz en los términos occidentales del concepto bíblico de una paloma blanca, con una rama de olivo en el pico. En la antigüedad los tiempos, o más bien, los periodos de paz, eran periodos para prepararse para la guerra. La paz no es tranquilidad, sino el nombre que recibe el contrato de mutuo acuerdo, mejor conocido como armisticio. La beligerancia no termina con la paz, en todo caso claudica. Pausar los antagonismos, no es salir de ellos; la renuncia tampoco resuelve los conflictos, sobre todo si son de orden moral, religiosos, étnicos, culturales y pendencieros. En la cultura hebrea, la educación para la paz, es preparación para la guerra. En realidad, es parte del código fuente de la humanidad.

Las cajas Clap de lentejas paraíso (CLAP boxes of lentils paradise), tienen orígenes oscuros y bizarros, en la guerra de independencia de Venezuela y en Cuba. Fue un recurso copiado por los españoles a los conquistadores árabes de la península ibérica. Se utilizo como último recurso por los patriotas independentistas, después de perderse la primera y la segunda República… Fue el General Páez, que dio cuenta del error continuado del modelo fracasado de la guerra convencional entre iguales. Temprano entendió que las guerras tenían un componente de marketing inherente, con independencia a los ideales políticos y filosóficos…

Posiblemente también el Taita: José Tomás Boves, quien levantó a los llaneros aduciendo que Bolívar y los demás iban a crear una república para los blancos y que el Rey de España Fernando VII, había prometido la libertad de los esclavos, y privilegios a los llaneros realistas…  

Es evidente que la guerra necesita consumidores y un factor replicante (las lentejas paraíso) El libertador Simón Bolívar, también utilizo el recurso del marketing (Decreto de Guerra a Muerte).  Aunque la realidad sea mucho más compleja que este ejercicio dúctil y grácil de la historia, no deja de ser un dilema para la reflexión. ¿Romanticismo decimonónico vs. Ignorancia y realidad?

Para granjearse (fidelizar) a soldados y esclavos descontentos con el trato inhumano y clasista que los oficiales realista les daban a la tropo de irregulares en el campo de batalla. El General Páez, un genio estratega, ofrecía a los hambrientos desertores, uniformes con botones dorados, ilustradas botas, caballos y el reparto del botín de guerra. Prometió la libertad de los esclavos… Lo que logró fidelizar a los esclavos negros, y a los llaneros, bajo la promesa de la primera caja Clap de la historia en Venezuela.

La historia da la independencia de Venezuela, está plagada de inexactitudes y leyendas heroicas vagas, como en todas las narraciones hechas por los vencedores de cualquier conflicto armado en la historia de la humanidad. Una de ellas es la creación de mil y un cesares populares, anónimos y si es posible étnicos. Garantizar que nadie quede fuera de la foto de la gesta emancipadora es un aserto histórico del vencedor. Aunque el día después al retrato al óleo, no queden lentejas del Paraíso para todos y todas…  

Uno de esos césares populares “mitad realidad, mitad leyenda”, es la de un negro esclavo llamado Pedro Camejo, mejor conocido por el alias de “El Negro Primero”, el apodo se debe a que, a los esclavos durante la primera y segunda República, en el frente de batalla, se les utilizaba de avanzadilla para medir la capacidad mortífera del poder de fuego del enemigo, al grito de los oficiales criollos: “manden a los negros primero”. Tal nivel de crueldad y barbarie (inhumanidad) estuvieron en parte las causas de la perdida de las dos primeras repúblicas patrióticas.  

La paloma blanca representa un algoritmo histórico, una instrucción temporal en medio de un proceso natural, tiene un inicio y un final pautado. En otras palabras: la paloma representa el retroceso de las aguas a su cauce, no a su final. De ahí que el diluvio, en teoría, este en stand-by, por ahora. En Venezuela la paz es una falsa ilusión, un estado de espera insoportable.

La pregunta es un llamamiento reflexivo a la conciencia seudo revolucionaria de la resistencia: Dónde están las “lentejas del paraíso” de la oposición. Sabemos la oferta, pero no el beneficio. El cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres vs. Lentejas paraíso, contante y sonante del régimen chavista.    

“Dios no es una buena explicación”

“Dios no es una buena explicación”. Gracias a esta reflexión, la humanidad ha dado al mundo hombres de ciencias como Charles Darwin. Dios nunca fue un problema para Darwin. Nunca cuestionó la existencia de Dios, porque ese no era el objeto de la biología en cuestión (ciencia de lo complejo), sino el conocimiento científico. No es una cruzada contra Dios, sino contra la ignorancia. Ninguna investigación científica comienza con Dios, y tampoco termina con la muerte de Dios.

«Tanto tiempo hemos llevado [esta vida] pues tal era nuestro destino» Esta fórmula de pensamiento existencial de entrega al hado y la fatalidad, apareció en la civilización occidental en la edad media. Más que una fórmula racional es un dictado, un condicionante de la conciencia social de los seres humanos. Ello es un registro de la presencia de un modelo biológico clonado en lo económico, político y teológico, imperante y coercitivo. La reflexión velada del poeta normando del Siglo XII Béroul, quien versionó la leyenda de “Tristán e Isolda” no pasa desapercibida para la sociología entrenada en la fenomenología del conocimiento. Las palabras están a nuestro servicio, no al revés. Lo mismo digo de las ciencias sociales. Cuando la disciplina científica no nos deja ver la trastienda, estamos obligados a revertir el orden de las cosas. La sociología (forense) no espera a que las “cosas” alumbren para estudiarlas, sino que estamos obligados a arrojar luz nosotros sobre ellas. “la luz está a nuestro servicio, no al revés”.

Uno de mis libros favoritos de culto es éste “EL RELOJERO CIEGO” de Richard Dawkins. Donde he encontrado una fuente inagotable de analogías con la teoría política, e incluso con las sociedades primitivas y las complejas. A veces me pregunto, sí fuera de la Paideía marxista, del saber ser, y saber hacer: la lógica del socialismo científico de lo simple y lo complejo, se puede aplicar la metáfora del relojero ciego.

En este caso, el «diseñador» es la selección natural inconsciente, es decir, el relojero ciego. Tenemos que diferenciar entre azar y creación inconsciente en la proposición audaz de Richard Dawkins, lo que genera ambigüedad en ambas afirmaciones, por ser demasiado genéricas. En mi caso, no me vale la idea inconclusa y sin resistencia, sobre el azar de las cosas simple del universo, y el diseño inconsciente de todo lo complejo.  

En el Relojero Ciego, el biólogo y naturalista británico nos dice que, Nosotros los animales somos las cosas más complejas del universo conocido, que los humanos no hemos sido diseñados para ver cosas muy pequeñas, tampoco las muy grandes. El microcosmos es invisible e inútil para la vida, no así para el intelecto como diseño consciente planificado… También el insondable universo se nos presenta etéreo y también inútil para la vida biológica. Nadie comúnmente reflexiona sobre estas cosas porque nos convertiría en seres agotados e ingobernables. El relojero Ciego, nos devela que el diseño de lo complejo y lo simple es producto de la selección natural inconsciente, el relojero ciego, es el gran constructor. 

Para el materialismo científico (marxismo) ni el azar, ni las casualidades, ni Dios gobiernan las sociedades. Estas son sistemas ideológicos complejos, diseñados por las clases dominantes del capitalismo. Para Marx, la economía política e incluso el hombre dentro del capitalismo, son diseños planificados en su conjunto por un relojero vidente. Funcionan en su complejidad como los relojes hechos por un diseñador planificador e intencionado, el capital. A caso hay alguien detrás del diseño capitalista, o fue producto de la suma de pequeñas cosa al azar desde lo simple a lo complejo.

Teoría política del: Reductio ad absurdum

La filosofía política es criticista y moralista, por tener como objeto especulativo la realidad basada en opuestos teóricos. Necesita de origen la construcción de un “demiurgo”, de una ideología opositora, opuesta para validad su discurso del bien y el mal (El bueno, el feo y el malo) El progresismo y el capitalismo son ideologías mesiánicas salvadoras, de superhéroes y supervillanos. En estas historias de filosofía no existe el héroe de centro; o eres muy bueno o muy villano.

Julio Embid publicó no hace mucho un creativo ensayo sobre: La ideología de los superhéroes, intitulado “Con capa y antifaz”. Y no por ser creativo disminuye su inters científico y reflexivo…

Adaptadas siempre a los tiempos, las historias de superhéroes y supervillanos nos hablan de democracia, capitalismo, ecología, feminismo, racismo o nuevas tecnologías. Gracias al alcance universal de sus historias, los superhéroes son figuras de gran utilidad para quienes quieren proyectar valores y discursos concretos sobre la sociedad, o incluso dirigir su conducta. De ahí que sus mensajes no sean tan inocuos como tal vez creamos, y también la pertinencia de entender y analizar lo que nos cuentan. En este libro, Julio Embid alterna el análisis político y sociológico con anécdotas curiosas de la industria cultural estadounidense del comic y la sociedad actual del despertar del my too militante

Para el progresismo universal edénico y adámico, el capitalismo es el causante de la expulsión del hombre del “maná gratis y para todos”. El capitalismo representa la privatización del maná de lo público. Pero contra que poderes maléficos luchan los superhéroes del progresismo edénico: “Una característica peculiar de las fuerzas villanas del capitalistas es el crear nuevas y falsas necesidades y funciones artificiales con el adverso fin de mediatizar tendenciosamente, el conflicto social, con la satisfacción de esas mismas necesidades y funciones, desviando así la atención de las contradicciones históricas reales… ” Ello es una aseveración (aserto) que, en el progresismo no se discute, se acepta como evidencia científica del mal, y que bien valen la figura de un superhéroe que cada cuatro años luche contra estos supervillanos del capitalismo.

Esta configuración ideológica alternante, del bien y del mal, del bueno y el villano, desempeñó como reconoció Karl Marx, una importante función civilizatoria en una cierta fase histórica. Ambos postulados ideológicos son –hasta hoy en día– las bases de nuestra civilización. El problema es la satanización del catecismo del otro. Hoy día se habla eufemísticamente de trasversalidad ideológica, el problema –si es que lo es– radica en el reduccionismo teórico del viejo estereotipo de los bloques. ¿Qué es ser transversal en política hoy día? A caso la renuncia a los bloques del bien y el mal. Digamos que es un sustituto como la sacarina al azúcar. En antaño, la trasversalidad no era otra cosa qué el pragmatismo de izquierda o de derechas, que hoy ha derivado en populismo del siglo XXI.

Dada la importancia del marxismo en la reflexión social de los últimos 150 años, me atrevo a decir que el progresismo edénico, adámico y utópico del maná gratis para todos, nunca se fue, como lo afirman las tesis de Francis Fukuyama sobre “El Fin de la Historia” Una cosa son los bloques ideológicos de poder hegemónico, en términos geopolíticos y económicos. La única tesis que se ha cumplido a día de hoy en política, es que las tesis nunca se cumplen. Ni ha sido el fin de la utopía de las tesis de Herbert Marcuse, ni el fin de las ideologías, de Daniel Bell, y mucho menos las declinaciones nihilistas de Nietzsche: Dios ha muerto.

Filosofía Pop del dato

Esta es la época –inequívoca– del puro dato social. El dato ha convertido a la sociología actual en la ciencia del puro dato. El dato cumple una función arquimédica en la sociedad, y en las ciencias sociales en particular, acostumbradas en los últimos tiempos a moverse por el principio de Arquímedes: Dadme un punto de apoyo y moveré al Mundo. ¿Dónde antes habremos escuchado esto? Dadme un dato y haré sociología.

El boom del puro datum socialis, ha convertido a la sociología en la ciencia clientelista del puro datum. Dentro del dato todo, fuera del dato nada. Hasta hoy este podría ser le lema de la sociología académica. Hay cosas en sociedad tan buenas que deberían estar prohibidas. Durante mucho tiempo fui un yonki del datum socialis –de hecho– trabajé durante algunos años en centros de investigación social, donde el dato, datum, lo era todo. Siempre me he opuesto a la creencia de que los datos arrojan teoría o ellos desprenden gases en forma de teoría.

No niego la importancia del dato, sino la ausencia de teoría. A la búsqueda del datum socialis.: Quizás –y por qué no– las ciencias políticas sea la única disciplina independiente de las ciencias del datum socialis y el rigor. Ello no desdice nada de su capacidad gestora de predicción y acierto. En otras palabras, el datum, no es su condicionante. Para el filósofo de Estagira, Aristóteles, la política era la forma en la que se convence al pueblo. Por lo tanto el datum, es segundario… Esta idea ha permanecido incorrupta, hasta día de hoy, inamovible, inmutable. Todas las ciencias, en algún momento ha sufrido cambios, y revoluciones cognitivas, menos las ciencias políticas, que han abusado de lenguaje fictivo.

A las ciencias políticas le va mal el corset teórico.  Algunos de mis lectores me corregirán –y con buen atino– que no es lo mismo, ni hablamos de los mismo, cuando mezclamos categorías exhaustivas en su especificidad e independientes, como las ciencias políticas, de las prácticas políticas. Una cosa es el rol de científico, y otro el de político y filósofo: “Mientras la ciencia política investiga cómo fueron, son y serán los fenómenos políticos, la filosofía política se encarga de teorizar cómo deberían ser dichos fenómenos”  El problema de credibilidad de ambas posiciones, es el origen ideológico de las partes. No conozco a ningún liberal que acepte ninguna tesis de ciencias políticas hecho por un progresista. Y tampoco a ningún progresista que reconozca las teorías y tesis de los liberales.

La conclusión es más simple de lo que somos capaces de lucubrar. La filosofía política configura en última instancia, nuestros modelos teóricos sobre el deber ser de las cosas. En realidad, no hacemos ciencias políticas, sino filosofía política. Ni el estagirita Aristóteles, pudo escapar de este condicionante. Aristóteles no escribe sobre política sin antes condicionar el deber ser de las cosas a su ética política. Escribir sobre política es un ejercicio ético, de ahí que fallemos más que una escopeta de feria de pueblo.

El puro datum socialis, por ahora, no ha condicionado y mucho menos persuadido a la ciencia política, como sí a la sociología abierta al cambio y a los paradigmas científicos. De llegar a hacerlo algún día, no quedará en pie ninguna teoría ética sobre la posible reversibilidad de la democracia, y las sociedades liberales de libre mercado, hacía modelos ideológicos mágicos y cerrados. Todos los datos sobre las sociedades cerradas y dogmáticas, ensimismadas en el reparto de la riqueza, el proteccionismo a ultranza, y el advenimiento del hombre nuevo.

El datum socialis pone en evidencia el modelo socialista utópico del paraíso del hombre nuevo, que en realidad es el hombre viejo. Deja al descubierto, la ideología fracasada (teocrática) de la libertad intrínseca al hombre, y la llegada del divino hombre nuevo. Nadie se atreve ha renunciar a lo intrínseco y primario, por una libertad más amplia y satisfactoria y compartida en sociedad (léase humanismo desidealizado, globalización). Las sociedades comunista exige la renuncia bajo contrato de la libertada e individualidad de las personas, fuentes de conflictos y pobreza social y riqueza de unos cuantos.

El comunismo y el socialismo son fábricas de derechos. En ese sistema, cada grupo o colectivo, pretende recibir no lo que la mayoría cree que merece, sino aquello a lo que cree tener derecho. De ahí que las ciencias del datum socialis no tenga cabida en las filosofía política, o ciencia del deber ser de las cosas.