Escuelas para virus

De la quijada de burro de Sansón a los virus.

El guerrero más fuerte de Israel fue Sansón, quien utilizó la primera arma de guerras no convencional para aniquilar el solo a mil hombres. Una quijada de burro. Es decir, que, hasta la misma Biblia, nos dice, más allá de las parábolas morales evangelizadoras, que para la guerra y la paz se vale todo. Para mí la enseñanza moral de esta parábola es la defensa con un objeto no esperado por el enemigo.

Éste post va sobre “guerra, Paz y libertad” y no me estoy refiriendo a la invasión napoleónica de Rusia, o la Era postnapoleónica ni a ninguna otra guerra de las llamadas convencionales, guerras correctas, tampoco a la novela del inefable León Tolstói. El problema de la expresión convencional es su propia definición como: habitual, acostumbrado, convenido, reglado.

El sociólogo y el politólogo deben analizar antes de especular, el lenguaje, la fauna, y la historia. Y luego hablar paja en abundancia, pero no antes. En la universidad los estudiantes de sociología en Venezuela, decíamos que antes de meternos en una jaula, primero había que analizar el palo del gallinero, como indicador de cagadas. En otras palabras, toda sociedad tiene su palo de cagadas.

Ante tanto convencionalismo abusivo sobre lo que es una guerra, incluida la paz, las nuevas guerras y la futurología Star Wars, es casi imposible sostener un discurso diferenciado coherente, otra cosa es que sea serio. Ahí radica el problema de fondo, cuando el discurso y las ideas transitan fuera de las vías paralelas. Las paralelas son líneas que se extienden hasta el infinito, pero nunca se cruzan, ni se sobreponen las unas a las otras. Es una definición de la geometría perfecta del discurso político correcto.

La Guerra y la Paz, como decía al inicio del post, no dependen a día de hoy de los hilos de viejas guerras de conquista y paz. No hay que remontarse a la gran Guerra de Kurukshetra, 3102 a.c. Narrada por el Bhagavad-Gita, ni tampoco a las guerras de Alejandro Magno. No todas las guerras son conflictos bélicos.

Hace poco asistimos a uno de esos modelos de guerras no clasificadas, pero sí reconocida por analistas políticos. La guerra mediática de Rusia contra EEUU, que aniquiló en las elecciones presidenciales de 2016, al partido Demócrata de Hillary Clinton con millones de cadáveres votantes, pero ningún muerto físico.

Las guerras económicas son en principio, guerras políticas porque de ellas depende el poder real de cualquier ideología. Para la Rusia de Putin, las noticias falsas, Fake news y las noticias profundamente falsas, las Deepfake, noticias de diseño basadas en el análisis de la Big Data, con ingeniería de laboratorio, vienen a ser lo mismo que la quijada de burro de Sansón. Un arma de guerra digital no convencional, low-cost.

En la búsqueda del supersoldado «The supersoldier» con poderes sin parangón, tales como leer la mente del enemigo, atravesar paredes o incluso matar una cabra con tan sólo mirarla fijamente. Son parte de la vieja ficción novelada: El mejor supersoldier, bueno, bonito y barato, son las Fake news y su ingeniería basada en la Big Data.

Hay quienes opinan, con mayor o menor grado de acierto, y otros sólo lo pensamos, que las tres potencias militares “Street Fighter”, siempre han trabajado en un “hipotético escenario de guerra biológica no declarada, que sustituiría la vetusta quijada de burro de Sansón, y los misiles balístico intercontinentales, las bombas de neutrones, y la militarización del espacio exterior del planeta.

Tampoco las actuales guerra de nueva generación, las Fake news de Rusia Today RT, y la guerra privada de Trump a los mercados y las instituciones de naciones unidas y la globalización. Los actuales arsenales biológicos y sus respectivos laboratorios militares, tienen viso sospechoso de ser el origen de la pandemia. ¿Es un hecho verdadero o probable?.

Pero sí altamente probable, es el accidente en un laboratorio biológico en Wuhan. Lo que el mudo ya reconoce entre bastidores, que el COVID-19, es el Chernóbil chino. La fuga de un virus letal. Un accidente que también pudo haber sucedido a cualquiera de los actores de las tres potencias militares “Street Fighter”. 

No comparto las prisas de la elite científica (progresista) por desmentir las teorías de la “manipulación genética del virus” en un laboratorio militar biológico de Wuhan . Las prisas siempre son peligrosas. El efecto de esta gran mentira es tal que los científicos de todo el mundo han decidido estudiar sus genes para comprobar si, efectivamente cabe esa posibilidad. Lo que han descubierto es que una máquina de contagio tan perfecta está muy lejos del alcance de la creación artificial.

Ningún virus esta hecho o fabricado en una impresora 3D, tampoco es el resultado de pócimas mágicas combinadas, y mucho menos creados a través de la piedra filosofal del gran maestro Confucio. Los virus pueden ser manipulados genéticamente, y/o adiestrados. Si algo puede mutar, cambiar, puede también aprender; sí se les puede debilitar, también se les puede fortalecer.  

El gobierno chino, y no me estoy refiriendo al genial y emprendedor pueblo chino, sino a otro tipo de entelequia política y militar ajena a los pueblos. Los interese aconfesionales de una mega potencia como China, que tiene ante si, desafíos imperiales a lo Star Wars, desafíos galácticos. No va a reconocer el origen militar del virus.

Ninguna potencia entra en un mercado para ser parte del microcosmos del mercado, sino paras ser el propio cosmos, el propio mercado. Antes hablábamos de los rusos y de Vladimir Putin innovando en la industria de armas de guerra no convencionales como las qijadas de burro. Ahora aparecen otros actores en esta guerra de qijadas. Los chinos con su jefe, Xi Jinping. Y no me olvido del Tío Sam, Donald Trump.

Los laboratorios Biológicos militares de nueva generación, hoy en día, son escuelas para virus, no tienen nada que ver con la idea anacrónica de almacenes de clasificación de virus, bacterias y hongos letales. Seleccionar los virus más mortíferos, y someterlos al aula de entrenamiento, aprendizaje, y luego al examen de escenarios de guerra. El lema griego de: más rápido, más alto, más fuerte, y más letal (Citius, Altius, Fortius) es una realidad. Se manipulan virus con sus respectivas vacunas. Un virus puede y de hecho lo es, el sustituto del supersoldado jamás soñado por ninguna potencia hegemónica, en la historia.

El juego de guerra consiste en medir su capacidad de destrucción, durabilidad, resistencia al clima y expansión silenciosa. Algunos de ellos son llamados virus morales: Aquellos que solo afectan a la población económicamente activa, e incluso a grupos de edad y raza. También se valora el tiempo que el enemigo tarda en encontrar una vacuna, y la capacidad de anular y destruir las economías.

El estado natural del hombre en sociedad, según Sigmund Freud, era la neurosis. Confieso que siempre he sido un enamorado de esta apreciación ontológica del hombre. Lo peligroso para la integridad del ser humano y la humanidad es la racionalidad lógica del androide desprovisto del airbag de la neurosis. Hoy día se criminaliza el pensamiento crítico basado en el modelado algorítmico psicosocial Freud. Cuando alguien pone en duda la verdad oficialista, se le tacha de fascista o conspiranoico, por poseer un sistema de protección activo (airbag) o teorías alternativas a la oficial.

Esto ha funcionado así a lo largo de la historia de la humanidad, y sigue funcionando en el Sanedrín mediático. A hora ya nadie habla de censura, basta bloque al infractor de la opinión oficial. También bloquear a tu enemigo ideológico es una arma no convencional de destrucción masiva, es el equivalente a la quijada de burro 2.0 del modelo tecnológico fact-checking, newtral.

¿Qué hacer vs. qué no hacer?

El famoso Estudio Nacional de Seroprevalencia de Pedro y Pablo, resultó ser la crónica de una muerte anunciada; no se puede poner vendas antes que la herida, eso lo sabe cualquier párvulo pegado a una consola de vídeo, o de cualquier estudiante de primero de Estadística. Resulta extemporáneo hacer estudios generales sobre la seroprevalencia de un virus en una población en los inicios de una pandemia. Es como pretender estudiar los daños de un incendio en sus inicios. No es malo tomar muestras cada día, cada hora, cada minuto y segundo sobre el desarrollo de una pandemia. Pero no lo vendan como estudio general de la pandemia.

Los errores del gobierno forman parte de la nueva normalidad de la crónica anunciada. El gobierno es una maquina perfectamente engrasada para producir mentiras, engaños, errores, y ocurrencias, pero con tanta premura y velocidad, que solo recordamos la último de la autopista de mentiras, hasta la próxima ocurrencia.

Hace tiempo que me puse como disciplina moral, no olvidar el decálogo de ocurrencia de Iván Redondo, el perverso Cardenal Richelieu de Moncloa, el Rasputín de las alcobas y los ministros con glamour al estilo creativo de Emmanuel Macron, pero sin pedigrí político ni rigor técnico científico ni empresarial. Nicolás Redondo es el hombre de la Cábala mística del poder entre bastidores, el titiritero de los monigotes. Algo así como, la estilla clavada en la uña de la democracia en franca decadencia.

Hoy la prensa nos acerco a esta desconcertante noticia: “España, a merced del coronavirus: el bajo nivel de contagio aleja la inmunidad de grupo… Los primeros resultados del Estudio Nacional de Seroprevalencia apuntan a que sólo el 5% de los españoles tiene anticuerpos del Covid-19”.  (El Español)

Pretender tomar, y con rigor científico, una muestra representativa de la totalidad de la población en España a través de test, especie de mapa de seroprevalencia, o mapa epidemiológico del Covid-19, es tan sospechosamente insólito como extemporánea y etérea. Es algo así como realizar encuestas a través de técnicas de muestreo estadístico a la población en general española, sobre el nivel de satisfacción en la compra de Yates y aviones.   

La estadística lo aguanta todo, son como los carteles de publicidad, tienen sus extremos, los hay excepcionales, muy buenos, buenos, malos y muy malos. En mi caso, siempre he clasificado a la estadística en dos campos: Las que buscan conocer cosas bajo la luz de la lámpara, y las arriesgadas, que buscan conocer cosas fuera de la luz de la lámpara. Ambas tienen su metodología reconocida.  Otra cosa son los modelos estadísticos para el cálculo de probabilidades.

No se puede tomar muestras sobre lo que todavía no ha sucedido en Cantimpalos, pueblo de Segovia, ni en el Cabo Finisterre de la Coruña. Querer saber, si en España se ha formado lo que los epidemiólogos llaman la inmunidad de grupo, de rebaño o de racimo. Lo que representaría un estudio razonable, sería mapear las zonas y municipios o barrios más golpeados por la epidemia.  Pero lo más sensato resultaría hacerlo a colectivos como sanitarias, policías, militares y servicios conexos y familiares de riesgo, y ancianos. Lo demás sería ciencia ficción. Fragmentar un estudio tan pequeño para hacerlo representativo del estatus epidemiológico de la población en España, es impericia. No es el momento de coleccionar datos inconexos y mistos, para luego hacer deducciones científicas sobre la inmortalidad del cangrejo.

Estoy dispuesto a colaborar y trabajar ¡GRATIS! Y sin crédito social, ni reconocimiento alguno, y de forma anónima, con el gobierno podemita, si se deja aconsejar, sobre técnicas estadísticas de muestreo, modelos de aproximación e investigación epidemiológica y sociológica. Una cosa son las encuestas de opinión, y otra la gimnasia. Cómo alcanzar respuestas aproximadas a los problemas e incógnitas científicas, con métodos estadísticos.

El problema de fondo con el que se ha enfrentado la humanidad se llama: ¿Qué hacer?. Las ciencias empiezan con dicho dilema de trabajo. Bien sea en la filosofía, la política, la economía, e incluso la literatura. No tenemos que ir a la novela de Nikolái Chernishevski, un filósofo socialista utópico, para reivindicar el dilema de ¿Qué hacer?. Vladimir Ilyich Lenin, también se planteó el trabajo de organización metodológica y estrategias políticas basadas en la pregunta de Chernishevski.

He trabajado en investigación social y estadística para la OEA Organización de Estados Americanos durante años. Resolver problemas de metodología estadística en investigación social era mi trabajo. Hay dos errores de bulto en este Estudio de seroprevalencia, muy comunes a la falta de experiencia y conocimiento. Creer que los problemas e interrogantes se pueden adaptar a las estadísticas, o que las estadísticas se pueden amoldar a los problemas para darles forma lógica y sentido político a conveniencia.

La amenaza más letal, no es exclusividad de los virus, también lo son los políticos al servicio de ellos mismos… “A diferencia de los desastres naturales, cuya afectación está limitada a un territorio y un periodo de tiempo determinados, las pandemias tienen la capacidad de alterar para siempre y a escala global la vida de las personas: el trabajo, el transporte, la economía y hasta la vida social de la gente pueden cambiar radicalmente”… También el virus del populismo ha hecho el mismo trabajo de demolición, en las personas y la economías…