No explique su trabajo, hágalo.

A veces olvidamos que el confinamiento es contra el virus, no contra la inteligencia… No creo que éste sea el mejor momento político ni social, para contabilizar muertos o fallecidos con criterios de calidad epidemiológica científica: “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Las víctimas de la pandemia perdidas en el limbo de un macabro cajón de sastre, esperando el frío escrutinio final de “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Me congela el corazón!

El insoportable espectáculo diario de baile de cifras resulta perverso, para una sociedad angustiada por la tragedia de la pandemia viral, o por cualquier otro desastre de origen natural, que difícilmente la cordura, la razón ni el miedo pueden mitigar, cuando no hay certeza de nada. El “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Puede tener todo el rigor científico, pero no deja de ser percibido como ruleta de la suerte.

Los filtros y las cribas son brutales e inhumanas, cuando el rigor estadístico supera la ética política y a la persona por el número. En medio de la zona cero no se puede dar tal espectáculo científico y verborreico, propio de aprendices de humanos. Una sociedad sobreimpresionada y en shock, lo menos que le puede interesar es la minuta científica, y el desorden que manifiestan inseguridad agudizando el dolor.

Una cosa es, mi querido Don Simón, es la gimnasia y otra la magnesia. “Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa dice el sentido común”. Confundir trasparencia con rigor científico es de imbéciles. Habrá tiempo para el rigor estadístico científico y epidemiológico académico, una vez terminada la pandemia. Pero por favor, los espectáculos públicos de malabares circenses, los mínimos.

No es ético, ni jamás lo será, la sobreexposición de los ciudadanos a un diálogo saturado de tecnicismos estadísticos, ni al pasteleo incesante del número por el número, como sinónimo de transparencia. Relativizar la tragedia humana con tecnicismos y eufemismos con “porcentajes del porcentaje de los porcentajes” o el angustiante “tú sí, tú no, y tú tal vez”.

A veces el cálculo y cómputo estadístico se deshumanizan en el análisis técnico, tienen un valor y un relato sólo para mentes entrenadas. Resultan ser un ejercicio confuso e infame. En plena pandemia no se pueden retener a miles de fallecidos en una suerte de cuarentena o cajón de sastre. El tratamiento de las personas como si fueran números resultantes del problema matemático de Collatz, uno de los más fáciles de enunciar y difíciles de resolver. No es aceptable como modelo de comunicación. ¡No nos explique su trabajo, hágalo!

Considero fuera de lo ético humano, el cálculo político cortoplacista en medio de una pandemia para sacar ventaja electoral e incluso penal. Anestesiar a los ciudadanos con nomenclatura técnica para amortiguar la indigerible tasa de fallecidos, hasta ralentizarla e incluso disminuirla, es lo mismo que desnaturalizar el costo en vidas.   Es cierta la metáfora de Einstein: “Dios no juega a los dados”, los políticos sí, pero con dados cargados.

Los aducidos por el cientifismo estereotipado del cine, no siempre se adaptan a la realidad, son individuos desarbolados de sentimientos y empatía social. El cliché impera antes que el sentido común. No todos pueden asemejarse al físico británico Stephen Hawking y sus estridencias, ni al humor de Einstein, ni al profesor Protón, de the Big Bang Theory, tampoco al profesor Hubert Farnsworth de Futurama, y no me olvido del genial profesor Poindexter, del Gato Felix. El problema aquí no es la exageración, sino el quedarnos cortos en el análisis.

No todos los científicos son actos para comunicar conocimientos, y menos explicarlos, por mucha que sea la apariencia de científico loco desaliñado o de detective Colombo. La inteligencia emocional es algo que se tiene o se entrena. El fracaso comunicacional de Don Simón en medio de la tragedia ha sido un duro varapalo para la confianza, la credibilidad y la paciencia, sólo superada por el dolor de las víctimas. Poner a miles de fallecidos en cuarentena, esperando las notas del examen de selectividad. “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Solo puede tener una finalidad política amoral, como el rédito electoral, y el manual de resistencia.

La Censura en YouTube, sin objetores de conciencia

“Amigos, he encogido al país”

Cuando decimos que algo no se debe hacer, no significa que no se pueda hacer: como parchear la censura a base de eufemismos oficialistas convincentes. Pero la realidad nos dice, que sí, que sí se puede, siempre se puede en nombre del bien común y el interés general. Incluso se puede esconder un cadáver en el sótano o la buhardilla, y que huela a Chanel n.º 5… ¡Siempre se puede!.

En realidad, la censura se percibe en la sociedad como fenómeno sobrenatural, solo visible para quienes la sufren. He ahí su poder intimidatorio y su éxito en la historia, su invisibilidad. La censura es lo más parecido al Área 51 norteamericano, el misterioso lugar qué algunos creen que alberga extraterrestres. Todos hablan de él, pero nadie lo ha visto. La censura opera en el mimo nivel del conocimiento persuasivo que aparece en los evangelios: “ver para creer”…

El ejercicio de la censura ha cambiado, evolucionado por formas más expeditivas y selectivas de persuasión y control social, y todo ello en tiempo real. Incluso la censura es aceptada como el “gendarme necesario” el corral invisible de la cohesión social en torno a un modelo de pensamiento hegemónico único, especie de algoritmo vigilante, donde no se permite la disidencia. La sociedad líquida de hoy es una recreación del absolutismo político de Thomas Hobbes, toda vale para mantener el orden del mejor de los mundos posibles.

El problema de fondo de la censura es la concepción del hombre y la sociedad como propiedad del Estado bajo un signo político y color, “legitimidad funcional” cuya legalidad emana del poder. Hoy en día la sociedad es percibida como código fuente abierto, donde poder sobre escribir las veces que sea necesario por el omnisciente Estado administrador del código fuente.  El famoso y temible 404 Not Found, también existente en los avatares digitales.

La censura nos retrotrae a la literatura y la historia y sus registros inverosímiles para las nuevas generaciones bautizadas en sendas pilas o palanganas de lejía (poncheras sacramentales). Las visitas oficialistas con nocturnidad de los señores de negro, derribando puertas, y quemando libros, cartas y manuscritos, y detenciones arbitrarias y brutales, solo quedan para las películas de trasnocho en cines de barrio y cintas de VHS, y las novelas negras de bolsillo, basadas en el miedo, la violencia, la injusticia, la inseguridad y corrupción del poder político.

La censura según la RAE: ​En un sentido amplio, “se considera como supresión de material de comunicación que puede ser considerado ofensivo, dañino, inconveniente o innecesario para el gobierno o los medios de comunicación, según lo determinado por un censor”. A todo sistema represivo, le acompaña un relato ingenuo, “la injusticia no es injusticia si se hace por un bien superior”. O este otro: El sistema más justo de control y censura política, es el que emana de un algoritmo inteligente no humano, donde no media la personalidad del censor, es decir, es newtral.

Los medios digitales que operan en España, YouTube, Facebook, Twitter, y Whatsaap, están administrados por una generación de jóvenes adánicos y progresistas rabiosamente empoderados de complejos de clase social, hijos de la ponchera bautismal de lejía, el hipoclorito de sodio, que todo lo blanquea incluido el pensamiento político y la historia.

No esperemos de esta nueva generación empoderada de progresismo populista, a ningún objetor de conciencia, que se niegue al vil y despreciable oficio de censor, o a ser el brazo ejecutor contra la libertad. Hay una película que lleva un titulo muy sugestivo: “Cariño, he encogido a los niños”. También vale para la reflexión de un censor en YouTube: “Amigos, he encogido al país”. Cada acto de censura es encoger un poco más, y más el país. La censura es recortar libertades.

Quienes hayan leído historia de las ideas políticas, se habrán dado cuenta, en términos de conciencia, que el ejercicio liberticida de la censura no existe la izquierda y derecha, tampoco en el Cosmos, solo existe la simetrías, algo así como los espejos. Toda realidad es una denuncia en sí misma de la historia frente al espejo. Quienes no conocen el costo humano de la libertad, están dispuesto a repetir la historia sin verse inmerso en la huella del espejo. Al parecer, y para mucho administradores de las redes sociales, las acusaciones de censores podemitas, son el equivalente a los berridos de la ovejas trasquiladas, que no entienden que es por su bien, y el interés general de la sociedad.

Manuel Eduardo Ponte Ferreiro.

Escuelas para virus

De la quijada de burro de Sansón a los virus.

El guerrero más fuerte de Israel fue Sansón, quien utilizó la primera arma de guerras no convencional para aniquilar el solo a mil hombres. Una quijada de burro. Es decir, que, hasta la misma Biblia, nos dice, más allá de las parábolas morales evangelizadoras, que para la guerra y la paz se vale todo. Para mí la enseñanza moral de esta parábola es la defensa con un objeto no esperado por el enemigo.

Éste post va sobre “guerra, Paz y libertad” y no me estoy refiriendo a la invasión napoleónica de Rusia, o la Era postnapoleónica ni a ninguna otra guerra de las llamadas convencionales, guerras correctas, tampoco a la novela del inefable León Tolstói. El problema de la expresión convencional es su propia definición como: habitual, acostumbrado, convenido, reglado.

El sociólogo y el politólogo deben analizar antes de especular, el lenguaje, la fauna, y la historia. Y luego hablar paja en abundancia, pero no antes. En la universidad los estudiantes de sociología en Venezuela, decíamos que antes de meternos en una jaula, primero había que analizar el palo del gallinero, como indicador de cagadas. En otras palabras, toda sociedad tiene su palo de cagadas.

Ante tanto convencionalismo abusivo sobre lo que es una guerra, incluida la paz, las nuevas guerras y la futurología Star Wars, es casi imposible sostener un discurso diferenciado coherente, otra cosa es que sea serio. Ahí radica el problema de fondo, cuando el discurso y las ideas transitan fuera de las vías paralelas. Las paralelas son líneas que se extienden hasta el infinito, pero nunca se cruzan, ni se sobreponen las unas a las otras. Es una definición de la geometría perfecta del discurso político correcto.

La Guerra y la Paz, como decía al inicio del post, no dependen a día de hoy de los hilos de viejas guerras de conquista y paz. No hay que remontarse a la gran Guerra de Kurukshetra, 3102 a.c. Narrada por el Bhagavad-Gita, ni tampoco a las guerras de Alejandro Magno. No todas las guerras son conflictos bélicos.

Hace poco asistimos a uno de esos modelos de guerras no clasificadas, pero sí reconocida por analistas políticos. La guerra mediática de Rusia contra EEUU, que aniquiló en las elecciones presidenciales de 2016, al partido Demócrata de Hillary Clinton con millones de cadáveres votantes, pero ningún muerto físico.

Las guerras económicas son en principio, guerras políticas porque de ellas depende el poder real de cualquier ideología. Para la Rusia de Putin, las noticias falsas, Fake news y las noticias profundamente falsas, las Deepfake, noticias de diseño basadas en el análisis de la Big Data, con ingeniería de laboratorio, vienen a ser lo mismo que la quijada de burro de Sansón. Un arma de guerra digital no convencional, low-cost.

En la búsqueda del supersoldado «The supersoldier» con poderes sin parangón, tales como leer la mente del enemigo, atravesar paredes o incluso matar una cabra con tan sólo mirarla fijamente. Son parte de la vieja ficción novelada: El mejor supersoldier, bueno, bonito y barato, son las Fake news y su ingeniería basada en la Big Data.

Hay quienes opinan, con mayor o menor grado de acierto, y otros sólo lo pensamos, que las tres potencias militares “Street Fighter”, siempre han trabajado en un “hipotético escenario de guerra biológica no declarada, que sustituiría la vetusta quijada de burro de Sansón, y los misiles balístico intercontinentales, las bombas de neutrones, y la militarización del espacio exterior del planeta.

Tampoco las actuales guerra de nueva generación, las Fake news de Rusia Today RT, y la guerra privada de Trump a los mercados y las instituciones de naciones unidas y la globalización. Los actuales arsenales biológicos y sus respectivos laboratorios militares, tienen viso sospechoso de ser el origen de la pandemia. ¿Es un hecho verdadero o probable?.

Pero sí altamente probable, es el accidente en un laboratorio biológico en Wuhan. Lo que el mudo ya reconoce entre bastidores, que el COVID-19, es el Chernóbil chino. La fuga de un virus letal. Un accidente que también pudo haber sucedido a cualquiera de los actores de las tres potencias militares “Street Fighter”. 

No comparto las prisas de la elite científica (progresista) por desmentir las teorías de la “manipulación genética del virus” en un laboratorio militar biológico de Wuhan . Las prisas siempre son peligrosas. El efecto de esta gran mentira es tal que los científicos de todo el mundo han decidido estudiar sus genes para comprobar si, efectivamente cabe esa posibilidad. Lo que han descubierto es que una máquina de contagio tan perfecta está muy lejos del alcance de la creación artificial.

Ningún virus esta hecho o fabricado en una impresora 3D, tampoco es el resultado de pócimas mágicas combinadas, y mucho menos creados a través de la piedra filosofal del gran maestro Confucio. Los virus pueden ser manipulados genéticamente, y/o adiestrados. Si algo puede mutar, cambiar, puede también aprender; sí se les puede debilitar, también se les puede fortalecer.  

El gobierno chino, y no me estoy refiriendo al genial y emprendedor pueblo chino, sino a otro tipo de entelequia política y militar ajena a los pueblos. Los interese aconfesionales de una mega potencia como China, que tiene ante si, desafíos imperiales a lo Star Wars, desafíos galácticos. No va a reconocer el origen militar del virus.

Ninguna potencia entra en un mercado para ser parte del microcosmos del mercado, sino paras ser el propio cosmos, el propio mercado. Antes hablábamos de los rusos y de Vladimir Putin innovando en la industria de armas de guerra no convencionales como las qijadas de burro. Ahora aparecen otros actores en esta guerra de qijadas. Los chinos con su jefe, Xi Jinping. Y no me olvido del Tío Sam, Donald Trump.

Los laboratorios Biológicos militares de nueva generación, hoy en día, son escuelas para virus, no tienen nada que ver con la idea anacrónica de almacenes de clasificación de virus, bacterias y hongos letales. Seleccionar los virus más mortíferos, y someterlos al aula de entrenamiento, aprendizaje, y luego al examen de escenarios de guerra. El lema griego de: más rápido, más alto, más fuerte, y más letal (Citius, Altius, Fortius) es una realidad. Se manipulan virus con sus respectivas vacunas. Un virus puede y de hecho lo es, el sustituto del supersoldado jamás soñado por ninguna potencia hegemónica, en la historia.

El juego de guerra consiste en medir su capacidad de destrucción, durabilidad, resistencia al clima y expansión silenciosa. Algunos de ellos son llamados virus morales: Aquellos que solo afectan a la población económicamente activa, e incluso a grupos de edad y raza. También se valora el tiempo que el enemigo tarda en encontrar una vacuna, y la capacidad de anular y destruir las economías.

El estado natural del hombre en sociedad, según Sigmund Freud, era la neurosis. Confieso que siempre he sido un enamorado de esta apreciación ontológica del hombre. Lo peligroso para la integridad del ser humano y la humanidad es la racionalidad lógica del androide desprovisto del airbag de la neurosis. Hoy día se criminaliza el pensamiento crítico basado en el modelado algorítmico psicosocial Freud. Cuando alguien pone en duda la verdad oficialista, se le tacha de fascista o conspiranoico, por poseer un sistema de protección activo (airbag) o teorías alternativas a la oficial.

Esto ha funcionado así a lo largo de la historia de la humanidad, y sigue funcionando en el Sanedrín mediático. A hora ya nadie habla de censura, basta bloque al infractor de la opinión oficial. También bloquear a tu enemigo ideológico es una arma no convencional de destrucción masiva, es el equivalente a la quijada de burro 2.0 del modelo tecnológico fact-checking, newtral.

¿Qué hacer vs. qué no hacer?

El famoso Estudio Nacional de Seroprevalencia de Pedro y Pablo, resultó ser la crónica de una muerte anunciada; no se puede poner vendas antes que la herida, eso lo sabe cualquier párvulo pegado a una consola de vídeo, o de cualquier estudiante de primero de Estadística. Resulta extemporáneo hacer estudios generales sobre la seroprevalencia de un virus en una población en los inicios de una pandemia. Es como pretender estudiar los daños de un incendio en sus inicios. No es malo tomar muestras cada día, cada hora, cada minuto y segundo sobre el desarrollo de una pandemia. Pero no lo vendan como estudio general de la pandemia.

Los errores del gobierno forman parte de la nueva normalidad de la crónica anunciada. El gobierno es una maquina perfectamente engrasada para producir mentiras, engaños, errores, y ocurrencias, pero con tanta premura y velocidad, que solo recordamos la último de la autopista de mentiras, hasta la próxima ocurrencia.

Hace tiempo que me puse como disciplina moral, no olvidar el decálogo de ocurrencia de Iván Redondo, el perverso Cardenal Richelieu de Moncloa, el Rasputín de las alcobas y los ministros con glamour al estilo creativo de Emmanuel Macron, pero sin pedigrí político ni rigor técnico científico ni empresarial. Nicolás Redondo es el hombre de la Cábala mística del poder entre bastidores, el titiritero de los monigotes. Algo así como, la estilla clavada en la uña de la democracia en franca decadencia.

Hoy la prensa nos acerco a esta desconcertante noticia: “España, a merced del coronavirus: el bajo nivel de contagio aleja la inmunidad de grupo… Los primeros resultados del Estudio Nacional de Seroprevalencia apuntan a que sólo el 5% de los españoles tiene anticuerpos del Covid-19”.  (El Español)

Pretender tomar, y con rigor científico, una muestra representativa de la totalidad de la población en España a través de test, especie de mapa de seroprevalencia, o mapa epidemiológico del Covid-19, es tan sospechosamente insólito como extemporánea y etérea. Es algo así como realizar encuestas a través de técnicas de muestreo estadístico a la población en general española, sobre el nivel de satisfacción en la compra de Yates y aviones.   

La estadística lo aguanta todo, son como los carteles de publicidad, tienen sus extremos, los hay excepcionales, muy buenos, buenos, malos y muy malos. En mi caso, siempre he clasificado a la estadística en dos campos: Las que buscan conocer cosas bajo la luz de la lámpara, y las arriesgadas, que buscan conocer cosas fuera de la luz de la lámpara. Ambas tienen su metodología reconocida.  Otra cosa son los modelos estadísticos para el cálculo de probabilidades.

No se puede tomar muestras sobre lo que todavía no ha sucedido en Cantimpalos, pueblo de Segovia, ni en el Cabo Finisterre de la Coruña. Querer saber, si en España se ha formado lo que los epidemiólogos llaman la inmunidad de grupo, de rebaño o de racimo. Lo que representaría un estudio razonable, sería mapear las zonas y municipios o barrios más golpeados por la epidemia.  Pero lo más sensato resultaría hacerlo a colectivos como sanitarias, policías, militares y servicios conexos y familiares de riesgo, y ancianos. Lo demás sería ciencia ficción. Fragmentar un estudio tan pequeño para hacerlo representativo del estatus epidemiológico de la población en España, es impericia. No es el momento de coleccionar datos inconexos y mistos, para luego hacer deducciones científicas sobre la inmortalidad del cangrejo.

Estoy dispuesto a colaborar y trabajar ¡GRATIS! Y sin crédito social, ni reconocimiento alguno, y de forma anónima, con el gobierno podemita, si se deja aconsejar, sobre técnicas estadísticas de muestreo, modelos de aproximación e investigación epidemiológica y sociológica. Una cosa son las encuestas de opinión, y otra la gimnasia. Cómo alcanzar respuestas aproximadas a los problemas e incógnitas científicas, con métodos estadísticos.

El problema de fondo con el que se ha enfrentado la humanidad se llama: ¿Qué hacer?. Las ciencias empiezan con dicho dilema de trabajo. Bien sea en la filosofía, la política, la economía, e incluso la literatura. No tenemos que ir a la novela de Nikolái Chernishevski, un filósofo socialista utópico, para reivindicar el dilema de ¿Qué hacer?. Vladimir Ilyich Lenin, también se planteó el trabajo de organización metodológica y estrategias políticas basadas en la pregunta de Chernishevski.

He trabajado en investigación social y estadística para la OEA Organización de Estados Americanos durante años. Resolver problemas de metodología estadística en investigación social era mi trabajo. Hay dos errores de bulto en este Estudio de seroprevalencia, muy comunes a la falta de experiencia y conocimiento. Creer que los problemas e interrogantes se pueden adaptar a las estadísticas, o que las estadísticas se pueden amoldar a los problemas para darles forma lógica y sentido político a conveniencia.

La amenaza más letal, no es exclusividad de los virus, también lo son los políticos al servicio de ellos mismos… “A diferencia de los desastres naturales, cuya afectación está limitada a un territorio y un periodo de tiempo determinados, las pandemias tienen la capacidad de alterar para siempre y a escala global la vida de las personas: el trabajo, el transporte, la economía y hasta la vida social de la gente pueden cambiar radicalmente”… También el virus del populismo ha hecho el mismo trabajo de demolición, en las personas y la economías…

Qué dice el Manual de Resistencia sobre las pandemias.

The devil’s trident (El Tridente del diablo)

Bajo la amenaza del terrible tenedor de acero del diablo hay un pueblo esperanzado, eso creemos y repetimos todos como un sabio y elaborado mantra tibetano. El viejo resabio popular dice que es saludable pensarlo. El problema de este vicio popular es que viene sin prospecto de instrucciones y sin la etiqueta azul de homologación europea. Se nos pide transitar el desierto sin pasar hambre ni sed, y cruzar a pie el mar sin mojarnos el culo, e incluso aplaudir todos los días a una misma hora con exactitud suiza; lo más parecido que conozco hasta hora, son los mensajes mágicos e inútiles dentro de una botella. Es el síndrome del náufrago en estado puro, confinado en su casa.

El tridente del diablo tiene forma simple y reconocible como todas las amenazas políticas y sociales descritas y contadas por la historia. En nuestro caso la representación de la amenaza tiene tres puntas: Muerte, enfermedad y trabajo. El confinamiento combinado con la desconfianza en el gran timonel, Pedro, Pablo y Don Simón, es una implosión de nuestra personalidad, una implosión hacia dentro de nuestra integridad emocional. Todo ello, nos devuelve a la vieja precariedad protosocial del animal. Nuestras expectativas son las misma hoy en día, que un hombre de la prehistoria de la etapa Lítica de nuestros ancestros entregados al animismo del mundo natural desconocido. Hemos sustituido los miedos de nueva generación como no tener Wi-Fi, papel toilette, y perder el Móvil, a miedos menos racionales y más primarios del hombre atrapado y vacío de contenido social.

Para el gobierno podemita bolivariano de Pablo y Pedro, la extrema gravedad de la situación que está sufriendo el país se asemeja a un siniestro total, es también y por qué no, una oportunidad en términos de cálculo político y marketing de diseño electoralista. El control omnímodo del Estado y la ventaja electoral legítima que tiene el gobierno podemita, no lo van a dilapidar. Las estadísticas dicen que lo están haciendo bien. Es la indolencia política que recogen los libros de historia, pero de la que nadie aprende.  Aquí bien podríamos sustituir la lira de Nerón por las estadísticas de Tezanos. Y a Nerón por Pablo y Pedro recreados en ellas mientras Roma arde por los cuatro costados.

Hay que reconocerlo, lo mejor del gobierno ha sido el control de los medios de comunicación social embozados de bocadillos de jamón y chorizo ibérico. Podemos decir que Pablo y Pedro han tenido cintura de boxeador; y sobre todo con los comisionistas del partido e intermediarios, las aves carroñeras de esta crisis. Hay cosas prioritarias para el populismo de manual de resistencia, que están más allá de los respiradores mecánicos, materiales sanitarios, mascarillas, test rápidos, UCI hospitalarias, ancianos, y estadísticas epidemiológicas alarmantes. Decía antes que habían tenido cintura de boxeador, pero también, la consigna delirante de aguantar, y aguantar de pie a cualquier precio y como sea, incluido dar golpes sucios y bajos. Lo primero que construye el político de raza para su resistencia política son las empalizadas, las alambradas, el corral, y luego por último atender al rebaño y su emergencia, aunque sea a golpe de lentejas. Pero nunca, nunca hacer lo contrario a lo que dice la doctrina del Manual de resistencia de Pablo y Pedro Sánchez, héroes de la crisis para el progresismo antiparabólico…

La paradoja de la escalera de Penrose en las ideologías

El “modelo” de escalera imposible de Penrose, pienso que puede ser extrapolable a la política como espacio especulativo y supradimensional. La escalera así planteada o concebida como diseño de lo imposible nos ayuda a explicar las posiciones ideológicas y antagónicas en medios politizados, dónde nada es lo que aparenta ser, y su deriva hacia el infinito. Es decir, no se agotan en sí mismas, sino que representa el movimiento de las ideas. El problema del observador omnisciente fuera de la escalera, tiene un origen epistemológico de método clásico, pero también aporta una ventaja óptica sobre la totalidad del conjunto de movimientos, una autentica orgía para la imaginación especulativa y racional científica.  No sabemos sí las posiciones ascendentes son positivas, o si las descendentes representa lo contrario. Ninguna posición ideológica permanece fija en el tiempo sin avanzar hacia el infinito. Otra cosa muy distinta es la efimeridad transitoria de las ideas en tiempos de globalización, o de la efimeridad de los 280 caracteres de twitter, que también presentan arquitectura óptica virtual.

La noción de escalera en los humanos, es parte de un registro protocultural común a todas las civilizaciones, incluido el reino animal. La noción o concepción primaria de escalera se remonta al año 30.000 a.c. En algunas culturas más avanzadas, los escalones son representados por rampas, y estas llevadas a complejas plataformas helicoidales «zigurat» el más conocido fue el dedicado a Marduk, la Torre de Babel mencionada por la Biblia hebrea, en el Génesis. También las pirámides escalonadas, en Egipto, américa, Irak, Java y la India

No olvidemos a uno de los grandes hitos de la literatura universal, como el poema epopéyico de la Baja Edad Media: La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Donde vemos expresada la ideología de una Era en forma de escalera descendente hasta el inframundo, como la ilusión óptica de Penrose. La visión político cosmológica de la historia a veces, expresada como escalera descendente, o espiral, con rampas o niveles con diferentes grados de moralidad, sobre el bien y el mal.

La mayoría de las veces, y sólo a veces, los valores políticos contrapuestos y antitéticos, incluida su síntesis histórica son escalables y pueden ser representados a manera de una escalera imposible de Penrose, donde el escalón más bajo es el más alto. En toda ideología el ideal supremo o fin último suele ser, con precisión matemática el escalón más alto. De ahí que nadie haya alcanzado a día de hoy ese escalón o fin último de la supremacía ideológica, o peldaño de Dios, y siga la humanidad intentándolo en bucle, debido a la naturaleza animal del “homo Paradisiacus”.

«La Escalera de Penrose, es una ilusión óptica descrita y representada por el matemático inglés Lionel Penrose». El pensamiento sociológico, que he practicado desde siempre, se basa en esta definición óptica del mundo de las apariencias, es el denominado pensamiento lateral o enfoque creativo (Edward de Bono, The use of lateral thinking). También lo denomino, sociología aditiva” por parecerse al sistema o modelo que permite la obtención de un tercer color a partir de la mezcla visual de dos colores en movimiento. Lo aprendí observando las obras de arte cinético de Carlos Cruz-Diez. Siempre me he preguntado si ocurre lo mismo con las ideas en movimiento, y los sistemas de creencias, valores y representaciones sociales.

Existe en todo ADN social una parte de animal inacabado de «Theodore Roszak» común a todas las sociedades de la imposibilidad de la observación óptica selectiva de un sistema, cundo tú eres el sistema, y no necesariamente se pertenece a él. La lógica del conocimiento científico nunca ha dado cuenta de ello. Ni David Hume, Kant, Hegel, tampoco Bachelard, ni el padre de la revolución científica Descartes, han concebido al individuo como suprasistema. Durante mucho tiempo de lecturas y observación me he dado cuenta de ello. Y me lo he estado recriminado durante bastante tiempo. La configuración de un sociólogo te dice que el objeto de estudio de la sociedad es su conjunto, y no el individuo, objeto de la psicología social y sobre todo la antropología y la etología comparativa. Toda ideología tiende a configurar y reconfigurar el éxito de una representación, hasta su perfección optimo, otra cosa es que lo consigan.   

La polis fue el marco esencial donde se desarrolló y expandió la civilización hasta día de hoy, y eso es una obviedad objetiva, pero también estamos obligados, concernidos, como científicos sociales a desandar ese camino. A menos que descendamos o hacendamos por la escalera de Penrose, o desescalemos infinitamente por ella, en la búsqueda de las huellas de nuestra protohumanidad. Y créanme, no estoy hablando del registro arqueológico polvoriento, ni del radiocarbono, carbono-14. No hablo de cosas que estén en nuestro haber, sino en nuestra realidad, o tangibilidad ideológica, es decir: “nada que desenterrar, sino ver”. Sí el mundo como registro es todo aquellos que vemos, entonces: “Houston, tenemos un problema”.

Quizás lo más lejos sea lo más cerca, ello depende de las paradojas visuales al conocimiento. Y el racionalismo crítico popperiano, está más cerca de las especulaciones de la caja opaca de la paradoja de Schrödinger, que de la filosofía metafísica. Sí las cosas no tienen fondo, están abiertas a la imaginación del racionalismo critico. No es el camino de la “Teodicea de Leibniz, por demostrar lo indemostrable, para su época. “No hay forma de ver el mundo que pueda ser considerada definitivamente “verdadera”. Ello se debe a que el ser humano, como decía antes: el hombre es si mismo es un suprasistema, también reconocido por Aristóteles, como animal político. Pero no se puede ser un animal político sin ser en si mismo un suprasistema de muchas otras cosas.

Quien ha utilizado en el arte el pensamiento lateral fue el neerlandés, M. C. Escher, con sus figuras imposibles, auténticas paradojas visuales. Hablar en sociología de lo invisible al intelecto, es un poco, utilizar la sociología imposible. Kant, Hegel, Ludwig Feuerbach, y Karl Mannheim, Darwin, Sigmund Freud, incluidos Goethe, Buda y  Stephen Hawking… Produjeron más conocimiento lateral de lo invisible al intelecto proactivo, que con la lógica formal al uso. Lo que quiero decir, es que no hay nada descabellado para el pensamiento lateral.

El perspectivismo es una doctrina filosófica que sostiene que toda percepción e ideación tiene lugar desde una perspectiva particular. Yo lo llamaría las paradojas ópticas de la escalera de Penrose.

Newtral y Malditos bulos

Cómo se pueden ser neutrales las personas y las empresas como NEWTRAL y MALDITOS BULOS, siendo beligerante y partidista a la vez.  El refranero español suele dar respuesta y pocas veces suelen equivocarse sobre ética. Son más efectivo que los test de fiabilidad del 30% importados por Pablo y Pedro Sánchez. Los refranes son como las pruebas del algodón de las abuelas, no engañan. “A Dios rogando, y con el mazo dando” Así es la neutralidad ética y moral de estas empresas de servicios de censura externalizadas. Perseguir en las redes sociales los delitos políticos de opinión, lo no autorizado, o lo que es peor, el “avatarcidio”, el asesinato de los Seres Digitales, hasta convertir la World Wide Web, en el cementerio más grande de la historia de la humanidad, por el bien progre, de una sociedad perfecta, sin pseudoBulos. sin pseudofake-news contra Pablo Iglesias, Monedero y PODEMOS, y su paso por Venezuela. Las demandas sociales, e incluso la indignación, pocas veces tienen un origen científico ni periodístico. No se puede colegiar la opinión pública en términos éticos. No se puede y no se debe hacer purismo con las ideas y la libertad de expresión. Amedrentar o enmudecer la libre circulación de las emociones en las redes sociales, persiguiendo el ideal progre, de la construcción del “hombre nuevo” en las redes sociales es liberticida. Que feliz seriamos todos, si esperáramos, como en antaño, el periódico y al lechero en la puerta de la casa, sin el desorden que hay hoy en día.

En algún momento de su historia, todas las sociedades se replantean el blindaje del modelo de Estado, del mejor de los mundos posibles. Y de una u otra manera, crean instituciones para protegerse de cualquier cambio en el modelo ideal de valores políticos. Toda sociedad tiene a escala propia, su Santa inquisición, sus juventudes SS, su Comité para la Seguridad del Estado KGB, sus milicias de Camisas Negras, sus colectivos criminales, y sus cuarteles de bomberos al estilo de la novela distópica de “fahrenheit 451”. Digamos que la tentación no siempre vive arriba, tampoco es rubia. La tentación tiene existencia propia como ideología y representación en todas las instancias de la sociedad, e incluso aspira a ser  omnisciente como Dios, conocerlo todo, y estar en todas partes a la vez, y sí el Dios Gobierno, o el Dios Estado se mudan a las redes sociales invigilando mejor, que mejor.

La distopía de fahrenheit 451, ha llegado para quedarse. Ya no se queman a los libros como manifestación de un delito de conciencia y a sus furtivos infractores, sino la actividad intelectual en forma de conversación. Se persiguen las noticias sin dejar rastros del incendio, un limpio interruptor en nombre del sistema, hace los mismo que los antibomberos de la novela de Ray Bradbury. Extermina unos cuantos números binarios, algo así como: el avatarcidio legalizado, una hoguera silenciosa. Lo peor de esta “orgía perpetua”, es el beneplácito de las juventudes progres, la nueva generación de camisas negras al servicio de la denuncia de Bulos y Fake News. Estas plataformas verificadoras de la “información”, buenismo 2.0 de la corrección política, se retroalimentan del activismo analfabeta de miles de entusiastas iletrados, al grito de “conviértete en maldito” y denuncia a tu cybervecino.  Es lo más parecido al último verso del poema de Martin Niemöller en la II Guerra Mundial, “Ellos vinieron” que me sirve como colofón a esta historia de la humanidad en bucle, donde nadie parece aprender de la historia de la represión: “Cuando vinieron por mí, ya no había nadie más”….

Extender el concepto de ética profesional del periodismo colegiado, a una pseudoética profesional de los internautas, es aniquilar el auténtico valor de las redes, la libertad. El empoderamiento es lo que Jean Cloutier da por hecho que los nuevos medios permiten a cualquier usuario ser a la vez emisor y receptor de mensajes. Es decir, producir y consumir noticias, y distribuir información sin intermediarios, ni tutelas oficiales.  Hemos pasado de una sociedad vertical, que nos decía que era verdad y que era mentira, a una sociedad horizontal empoderada. La red tiene sus propios equilibrios, sus propias leyes naturales binarias, nada dura, si es mentira, y todo prevalece si es verdad. Desnaturalizar las redes, por una trasnochada y victoriana moralidad, es desnaturalizar la fuerza y los autoequilibros de la red sin tutelas o censuras por el buenismo 2.0 de la corrección política. Solo el oficialismo es verdad. En el fondo, estas empresas de censura, no son otra cosa que el deseo desenfrenado por convertir en un bien público en términos progresista a las redes sociales… Es un intento más de convertir en ética de lo público a internet.

Concepto e idea de Prosumidores: “Los cambios provocados por los avances tecnológicos en la economía y las políticas de tráfico de información están haciendo desaparecer la relación que existía entre el consumidor y el productor, dando paso a una nueva forma de economía, la economía social de colaboración. La información se ha convertido en moneda de cambio y un nuevo grupo de consumidores-productores asume una posición importante en el mercado de consumo. Con la utilización de Internet, que proporciona la conexión para el intercambio de información, los prosumidores alimentan el ciberespacio con el conocimiento libre con el fin de colaborar y ser parte del proceso de producción. Internet influye en nuestras vidas y en nuestras costumbres, en la forma de buscar información, de entretenernos y de comunicarnos”, (Prosumidores / de Patricia González R)

Ponerle a las noticias un doble check azul, como noticia oficial y verificada, no tiene nada de inocuo. Mas bien limitan las fuentes a un Buró oficialista de la verdad, y persuaden o intimidan a los prosumidores de nueva generación, a través de una ingeniería del miedo.

Carta abierta de un Ser Digital.

No tengo la menor duda señores Facebook y WhatsApp, que ustedes son conscientes del precio social a pagar en términos de popularidad, por externalizar la censura en terceros. El trabajo sucio de limitar la libertad de expresión como un mal menor, como quien tutela y protege nuestra virginidad, e incluso nos castra por nuestro propio bien, es totalitarismo. Señor Whats, la delga línea entre libertad de expresión y censura, tiene el mismo ancho qué el canal de la mancha. Es una entelequia política abstracta, lo de delgada línea. El mal menor en una sociedad abierta es la libertad, con sus peligros y contradicciones. La censura, no es una medida sanitaria al uso, sino de abuso a la libertad de conciencia y expresión. La externalización de la censura es lo más parecido al intelecto criminal de las mafias: “Que parezca un accidente“, Encargar el trabajo sucio a terceros con un prontuario progresista y sectario, no es ejercer un derecho, sino más bien corromperlo, degradarlo.

Censura es censura, no importa su apariencia pseudocientífica y las pseudomotivaciones que la justifiquen o el hedonismo que la defienda. En este momento se me ocurren 100 motivaciones Naíf, de cosecha propia, y todas defendibles por el bien general. El problema señores Facebook y WhatsApp, de editorializar una red social y ponerla al servicio unilateral de un tipo de pensamiento tiene una larga historia en la humanidad, y siempre con consecuencias nefastas.

Señores Facebook y WhatsApp, no piensen por nosotros, no tutele nuestra capacidad de comprensión entendimiento y madurez racional y ciudadana, e incluso nuestras emociones. Hace tiempo que los terribles ingenios con esclavos, aislados y analfabetas, era una forma de control social, contra menos sepan mejor para ellos… Limitar la capacidad de compartir contenidos es volver al el cuernofono analógico de los Picapiedra.

Sabemos que “WhatsApp” encripta las comunicaciones de salida y entrada entre usuarios, que la plataforma no puede, en teoría, conocer el contenido de las conversaciones entre usuarios. Es cierto, ello o no constituye un acto de censura, sino el argumento pueril del uso perverso de la red. Limitar la capacidad de compartir y difundir contenidos entre grupos para que no cometamos delitos de opinión, es perverso. Para la lógica moral de las redes sociales “más vale perdonar a mil culpables que castigar a un inocente” Concepción Arenal Ponte (1820-1893). La moral en su defensa, no se pone de lado como los cangrejos. Para salvar el pensamiento virgen y progre de unos pocos, condenamos a unos cuantos millones de usuarios. Señores Facebook y WhatsApp, ¿A quién quieren salvar, acaso al gobierno de turno, o la moral progre o a las masas ignorantes? Ya entiendo, ustedes son los custodios últimos de la verdad, verdadera, los iluminados y defensores del bien común. Lo último que espero es el bautismo de fe, y pureza.

Señores Facebook y WhatsApp, a ver si me explico mejor:  las redes sociales son de sus usuarios, no de usted. Lo único que les pertenece es el dinero o usufructo de la red. La libertad no tiene dueño, y las redes sociales son parte de la nueva humanidad, ustedes no pueden aplicar el interruptor de la red. Sois dueños materiales de la tecnología, no los dueños de una red social. De ser así nos convierte a todos en estúpidos, en corderos.

Entiendo las responsabilidades civiles de invigilando de las conductas incívicas de particulares, y otra cosa es quemar el bosque porque no nos deja ver el horizonte. La libertad es esa cosa, esa vaina que molesta a quien quiere unilateralmente establecer su propia moral, y sin competencia. Aplaudo los algoritmos inteligentes, para detectar delitos contra terceros. Pero matar moscas a cañonazos, es impropio de los administradores de las redes. Administrar una red, no justifica, la contratación de comisariados ideológicos. El paternalismo de ponerle cuatro ruedas a la bicicleta sociales, con el pretesto de protegernos de las noticias falsa o bulos, es propio de otros tiempos. Existe algo en sociedad que se llama madurez intelectual, y responsabilidad ciudadana. Una red social es un sistema en equilibrio. Como dice el “Manifiesto Cluetrain” las redes son conversaciones, son sentimientos, son mercado. Una conversación unilateral, no tiene ningún valor social para la humanidad horizontal hiperconectada.

Por favor, señores prepotentes, no me amplíen los metros de la cocina, para ampliar mi libertad. No le tengan miedo a los autoequilibros en una red social. No me obliguen a pesar de una manera taxativa y excluyente. La perfectibilidad no está en la moral de uso, sino en la libertad de conciencia. Existe una cosa que se conoce como “Derecho consuetudinario” vasado en los usos y costumbres de un individuo o de una sociedad, pero opuesto al derecho escrito. Ni usted, ni yo, somos los dueños de las redes sociales, pero sí el conjunto de usuarios.  

Porque una sociedad tutelada por el celo (de la distopía orwelliana de 1984) de cuidarnos a todos por nuestro bien, es un don supraconstitucional, y visión adánica del edén ideológico. Un mundo mejor, un mundo feliz, un mundo chévere, donde la verdad os hará libres. Por favor señores de la verdad revelada, dejen el patriotismo dogmático de salvarnos del oscurantismo de los Bulos y los Fake news. ¿Pero quién nos protege de vuestra velada censura por el bien común?, ¿Qué mecanismo nos asisten para defendernos de vuestra verdad verdadera?.  Hasta “la santa inquisición” permitía el derecho a la defensa, e incluso la asistencia jurídica. Pero cuando una empresa de censura pseudocientífica, y pseudotecnológica nos anula, es otra forma de asesinato político virtual de un ”Ser digital” de unos cuantos dígitos binarios, de unos bytes; es el equivalente a la práctica mafiosa de “Que parezca un accidente“. También a mi pueden matarme digitalmente, ni tan siquiera soy un pez gordo, o un influence Youtuber… Mi maestro Nicholas Negroponte en el MIT advertía sobre los peligros de matar a un Ser Digital, sin dejar huella. La nueva sociedad hiperconectada también tienen derecho a la vida de su avatar. El “avatarcidio” es un crimen de lesa humanidad. No reconocer este paradigma es un error. Námaste!